Huertos de guerra y posguerra

Huertos de guerra y posguerra

DIG FOR VICTORY (cavar para la victoria), ésa fue la consigna que desde el Ministerio de la Guerra británico se lanzó a la población a principios de 1941. En aquel momento de la guerra, Inglaterra y Londres especialmente, sufrían el acoso de los bombardeos de Hitler y el bloqueo de sus suministros por mar. Inglaterra estaba prácticamente aislada y su población sufría una gran precariedad de alimentos. No entraba ni un grano de cereal.

La estrategia de Churchil para paliar el aislamiento, consistió en estimular a cada británico a ser autosuficiente en su alimentación. Daba igual que no pudiese empuñar un fusil. Sus armas fueron picos y palas, semillas y planteles para transformar jardines y patios traseros en huertos que abastecieran de alimentos sanos y frescos a las propias familias. Y consejos, propaganda e información.

Cuatro años más tarde, Berlín y toda Alemania fue arrasada por los bombardeos aliados y su población sometida a las penurias de la derrota. Acabada la guerra, se trataba más que nunca de sobrevivir. Y volvieron a aparecer los picos y palas salvadoras esta vez en manos germanas. Ya no quedaban jardines, sólo ruinas y allí la población empezó a cavar su supervivencia.

Paradojas de guerra y paz, el autocultivo parece ser un denominador común en la solución del principal problema de todo animal, racional o no: el alimento. Probablemente hoy mismo desde algún rincón del entramado del Poder, se esté diseñando una estrategia parecida para paliar los efectos del desarrollo insostenible. No hace falta esperar consignas para empuñar la pala.