Abonos y fertilizantes

Abonos y fertilizantes

El substrato dispone de una serie de nutrientes que las plantas absorben a través de las raíces. Sin embargo, al cabo de unos meses hará falta renovar estos nutrientes abonando el huerto con más substrato, abono orgánico, estiércol, humus o compost.

El objetivo es que el substrato posea elementos como fósforo, nitrógeno, calcio, magnesio, azufre, hierro, cobre, boro, manganeso, molibdeno, zinc y potasio que ayudarán a nuestras plantas a crecer de forma sana. A pesar de ello, cada planta es diferente y sus necesidades de abono son dispares (poco exigentes, nivel medio de exigencia y muy exigentes). En la siguiente tabla os indicamos los cultivos más asiduos y sus niveles nutricionales:

  • Poco exigentes: cebolla, ajo y rábano.
  • Nivel medio: lechuga, escarola, zanahoria, puerro y remolacha.
  • Muy exigente: aquellas plantas de las que se come el fruto (tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino), así como las espinacas y las acelgas.

En este sentido es vital realizar combinaciones adecuadas de hortalizas y verduras según esta característica. De esta forma los ajos acompañarían a los tomates, los pepinos a las cebollas; entre otras posibilidades.

La periodicidad en que se puede abonar es de dos o tres veces al año. No requiere cambiar el contenido de las cubetas, únicamente hará falta añadir el nutriente elegido removiendo bien la mezcla, y dejar reposar el huerto un par de días antes de volver a cultivar.

Existen dos tipos de abonos: los químicos y los orgánicos. Los primeros suelen ser deficitarios en micronutrientes y no fertilizan la tierra. Los segundos presentan las siguientes variedades:

  • La maceración del estiércol en agua se puede utilizar como abono líquido para regar las plantas.
  • El compost es un abono orgánico que se elabora con un recipiente adecuado a este fin que se puede instalar en casa. Éste facilita el aprovechamiento de los restos orgánicos de la cocina de una manera ecológica, a la vez que abastece nuestro huerto de un abono de altísima calidad. El proceso se origina por el trabajo de organismos como los hongos o las bacterias dentro de un entorno específico (aire, calor y agua). Los elementos que podemos añadir son: restos de frutas y verduras; posos de café los residuos de infusiones; papel de cocina sin tintes; restos de poda; tierra de nuestras macetas; estiércol. El resultado es de un color oscuro y su olor es agradable, dando la sensación de tener tierra de un bosque.

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